EUROPA CONCEPTO LEJANO

EUROPA ES UN CONCEPTO LEJANO EN EL CORAZÓN DE LA UE

Bruselas ignora el aniversario europeo mientras parte de la ciudadanía reniega de las instituciones

Mientras los ministros de Economía de la Unión Europea discutían sobre el futuro de la deuda griega en Bruselas en pleno Día de Europa, muchos bruselenses desconocen la festividad comunitaria pese a que la ciudad es sede de las instituciones europeas desde hace más de medio siglo. Su desconexión les lleva a ignorar también la misma existencia de la Comisión Europea, el órgano Ejecutivo de la UE, y a identificar únicamente la presencia del Parlamento, del que se alguno se burla partiendo la palabra en dos: parla-ment, usando los términos franceses parler —hablar— y mentir.

Sin llegar a ese extremo, la indiferencia o el desencuentro ante la condición de capital europea de Bruselas son sentimientos usuales entre sus ciudadanos. “Las instituciones comunitarias se construyeron sin un proyecto urbano, como edificios y administraciones aisladas”, explica Eric Corijn, sociólogo y filósofo de la Universidad Libre de Bruselas y autor del libro The Brussels Reader, en el que aborda la compleja relación entre las instituciones y la ciudad. “Nunca han reflexionado sobre cómo construir la capitalidad de Europa. No hay centros culturales europeos, ni festivales de teatro o arte europeo”, añade.

“No se mezclan, son una élite social, una casta invisible fuera de sus entornos habituales y con unos recursos financieros enormes”, señala sobre los funcionarios europeos Juan Latorre, coordinador del programa de cohesión social de Schaerbeek. La suya es una de las zonas que conforman el llamado croissant pauvre (cruasán pobre), un conjunto de barrios que unidos en el mapa conforman una forma muy parecida al del popular desayuno. En ellos se concentra gran parte del alto porcentaje de parados de Bruselas —el desempleo ronda el 18%, más del doble que la media del país—.

Para Philippe van Parijs, catedrático de Filosofía de la Universidad Católica de Lovaina, una solución para reducir esa fractura que separa al funcionariado del resto de la población pasa por establecer escuelas donde “los hijos de los eurócratas y expatriados crezcan junto a los del resto de bruselenses de origen belga y extranjero”. Van Parijs acusa a las autoridades belgas desde hace años de permitir una política deapartheid por las restricciones de acceso a los elitistas colegios europeos en Bruselas, con plazas limitadas a hijos de funcionarios a las que ni siquiera motivos de cercanía permiten entrar a la población local por estar “reservadas a una casta”.

El impacto económico de los cerca de 40.000 funcionarios —y de los miles de lobistasy centenares de periodistas— que trabajan en la capital se deja sentir de varias formas. “Para la economía de Bruselas es positivo, pero no pagan impuestos en Bélgica y necesitan servicios”, contrapone el profesor Corijn. Los que viven en la ciudad cuentan con un poder adquisitivo alto, y han hecho del barrio europeo un territorio inabordable para parte de la población al elevar el precio de las viviendas, pero su presencia también genera beneficios: “Es un prestigio para la ciudad tener las instituciones, y podemos suponer que atrae a empresas y multinacionales, lo que aumenta el potencial de creación de empleo”, concede el coordinador social de Schaerbeek, que también desconocía la celebración este lunes del Día de Europa.

 

Exportando riqueza

La región de Bruselas recibirá de Europa 95 millones de euros en fondos FEDER al desarrollo en el periodo 2014-2020, con los programas de empleo e integración de inmigrantes como grandes receptores de esas ayudas. Pese a ser la zona más rica del país y una de las más prósperas, vive una paradoja que sus mismas autoridades reconocen: “Bruselas se beneficia muy poco de la riqueza que produce, especialmente por la problemática de los trabajadores desplazados. Más de la mitad de los empleados viven fuera de la ciudad”, indica un documento de la región, que admite que uno de cada tres de sus habitantes vive en riesgo de pobreza, el doble de la media nacional.

“A las instituciones las vemos muy de lejos. Como la Europa de los ricos. Es una Europa que está por encima. No vemos esa Europa tan bonita cuando trabajamos con los jóvenes”, lamenta Juan Carlos Pérez, de 58 años, bruselense de origen español. En el barrio europeo la percepción es diferente. “Por supuesto que es positivo que estén aquí. Hay una vida cultural más variada. Es una ciudad más internacional”, apoya Christian Sindic, neurólogo de 66 años que trabaja junto a los organismos comunitarios. Él sí sabe lo que se conmemora el 9 de mayo.

Tal vez sea porque en Bruselas, Europa ha pasado a ser un asunto de barrio.

Fuente:  EL PAÍS, INTERNACIONAL; ACTUALIDAD